domingo, 9 de octubre de 2011

"La vida es una colección de canciones"


Iba de viaje cuando se me vino a la mente esa frase...
Escuchaba esa canción, estaba dentro de mi mundo de pensamientos, cada uno conectado con una nota, con un pedazo de realidad; cada palabra se conectaba formando esa melodía y tantas otras. Cada sonido formaba una emoción diferente, un estado de ánimo, un momento en tu vida o la vida misma. Triste, feliz, melancólico, reflexivo, malhumorado, quizás deslumbrante, pensativo, audaz...
Busco un tema para cada estado, busco este ritmo para mi alegría y un melodrama que envuelva esta tristeza. Conexiones que se unen en un apasionante juego de palabras y bellos sonidos, cubriendo cada espacio de mi ser, llenando de esta mágica melodía cada rincón de mi alma, esta alma que enloquece de pasión, dejando un charco de emociones perdidas y encontradas tal vez.
Cuando pude verlo, sentí una sensación, ¿Cómo decirlo? Rara pero rara positiva, busque hasta encontrar en este espacio poder descargar esta energía que irradio.
Cada momento tiene su tema favorito y hay una canción en particular que me trae tu presencia, que me hace creer que puedes estar cerca pero apenas acaba la música, como todo disco, sigue la otra canción. ¿Porqué no poner "repetir"? Porque quedarse atascado no sirve de nada y en este baile no quiero escuchar la misma canción, aunque sea mi favorita...
En lo inmenso de este sueño, aún vuelo en busca de otras notas, en fantasías y en mi dormir le encuentro un motivo por el cual poder moverme o simplemente escuchar y porque no cantar.
Me voy, me voy... soy una estrella, el público me aclama y aplaude. El ritmo me seduce, quiere que lo acompañe en esta gala y no puedo evitar sonreírle. Siento esa misma sensación que al escribir, esa misma satisfacción que te toca cuando realizas algo que te gusta o cuando haces lo que deseas realmente, y yo esta vez deseo bailar y bailar, hasta que mis pies cansados digan basta, aunque por dentro nunca pare de sentir esa pasión que me entrega de rehén y me envuelve de tu hermosa locura.
Quiero escuchar mi canción favorita, pero ¿Cuál será esta vez? ¿Cuál agregaré a mi colección?
  
Mariana Pussó... 9/10/2011


sábado, 24 de septiembre de 2011

"Tu calle"



Mi calle, mi vereda, mi espacio, mi lugar…

Encontré un recuerdo especial guardado en las memorias de mi vida, que quiero compartir en este jueves de calles perdidas.
En aquel entonces, por el año 2.001, me tocó vivir una etapa que fue difícil dejar atrás, no fue un buen año el que me toco atravesar. Pero no voy a entrar en detalles.
Siempre había deseado tener un perrito pero la respuesta de mi padre siempre era “no”. Al parecer en casa me notaban un poco triste, más callada que de costumbre, diferente, ya no jugaba con tanto entusiasmo como antes. Decidieron regalarme algo que anhelaba desde hace años.
Esa tarde nunca se borrará de mis recuerdos. Tocaron el timbre, pregunté quien era, nadie respondía. Miré a través del agujero de la puerta, nada. Pensé: “niños haciendo ring-raje”. Abrí la puerta, observé por un momento. Entonces oí un chillido que provenía desde abajo, desde el suelo. Era un pequeño y muy tierno perrito, lanudito con rizos, blanco con manchas negras por diversas partes de su cuerpo.
“¡Ma! Dejaron un perrito” (grite).
Lo cargué en mis brazos, era tan pequeño y frágil, me enamoré en cuanto lo vi. Estaba algo asustado, así que lo abrigué con mi amor.
Aparecieron detrás de la puerta mi papá, mi hermano y un amigo, se reían. Ellos lo habían traído, al que hoy en día conocemos como Pusky. Un 25 de Junio apareció en mi vida, allí lo vi por primera vez en mi calle. Me hizo la persona más feliz aquel día, y sigue haciéndome muy feliz con su cariño, con cada momento que comparto junto a él. Es como mi hermanito menor, desde un simple juego, un paseo, una mirada de complicidad, un amigo que te abraza y te cuida de tus miedos, Pusky siempre está a mi lado…
Quise compartir este encuentro de dos almas, que se unieron en la vereda de mi calle, aquella calle que guarda miles de recuerdos en un solo lugar. Una simple calle para algunos, un lugar mágico lleno de recuerdos para mi…

Mariana Pussó - 22/09/2011

Pusky (25/06/2001)

Pusky actualmente


Más relatos en el blog de Any: http://remandoensanignacio.blogspot.com/

lunes, 15 de agosto de 2011

Jueves literario: “Lo que queda detrás de la escoba”... “Lo que esconden las palabras”


           Anoche tuve otro casi-sueño (para los desentendidos, publiqué un relato llamado “El cuento del casi-sueño” en el blog, en diciembre de 2010). Comprendí en ese instante que estaba en un sueño confuso, pues me encontraba en la casa de ella. Intente llamarla pero las palabras no salían de mi boca, tuve que concentrar toda mi energía, era mi sueño, podía tomar el control allí. Pude pronunciar el cálido sonido que me reconfortaba tanto el alma: “¡Abu!”.
Apareció detrás de su máquina de coser, con un trapo, aguja e hilo en sus manos. Le pregunté con una sonrisa en el rostro: ¿Tomamos unos mates?
Estaba ocupada pero accedió a los mimos de su nieta. Mi mente había creado una imagen perfecta de su figura, la podía observar, estaba allí frente a mi. La abrasé fuertemente por la espalda, le sacaba una cabeza de ventaja. Se dio vuelta respondiendo al calor de mi abrazo, diciéndome un hermoso “te quiero”. Como no quererla, si fue como una mamá más en mi vida, siempre acompañándome, siempre a mi lado. “Doble o nada viejita”, le di un beso en un cachete y luego en el otro, bien fuerte, para que quedaran marcados en el recuerdo. 
En ese instante me invadió una sensación extraña, creo que comprendí que quedarme en ese ensueño no iba a ser para toda la vida, en algún momento tenía que volver a la realidad. “Te extraño” le pronuncié mientras me alejaba de su borrosa figura para abrir los ojos hacia la áspera verdad; donde no puedo ver tu rostro sonriente y arrugado pero puedo recordarte y sentirte tan cerca de mi ser, en un abrazo infinito, que ni un casi-sueño puede igualar.
La mente juega con nosotros, lo que callamos en palabras al viento, surge de lo más profundo de nuestra alma, no calla fácilmente. Aunque mis palabras no hablen, son escuchadas en este inmenso silencio. Aunque no estés aquí para escucharlas, quiero creer que de alguna manera puedes interpretarlas, sentirlas en lo más profundo y lejano de tu existencia. ¿Qué esconden las palabras? Tal vez esconden lo que tratamos de expresar a través del alma, o tendría que decir: ¿Qué no esconden las palabras? Cada palabra se desliza en el papel, se desliza de tu boca, se mezcla con otras, formando un misterio, formando un devenir de mares diversos, que según con que ojos se lo mire, podrás decir que hay detrás de aquel horizonte, podrás decir aquello que esconden las palabras.
En ese instante que despierto, quisiera poder borrar de mi lista aquel suceso que me marco, aquella fecha del calendario que me cambió la forma de ver las cosas y de no poder verte ya nunca más. Agarrar una escoba y barrer aquel momento de mi vida, borrarlo, dejarlo atrás, pero entonces pienso: quizá no quiero borrarlo, jamás podría borrarlo completamente; siempre detrás de la escoba quedan pelusas guardadas, escondidas en el olvido, pelusas que marcan un pasado y un presente, pelusas que no quiero olvidar sino guardar en la memoria, el recuerdo de que pasaste por mi vida haciéndome más feliz, llenándola con tu presencia. Sabiendo que me pasaste la escoba por encima, dejándome detrás de ti para que siguiera adelante, como un halo de luz tocaste a mi ventana, dejándome miles de pelusas, que hoy me hacen recordarte con tristeza pero con la esperanza de poder recordarte con alegría. Sentir una suave brisa de paz, que dejaste al pasar tu escoba por mi vida, llenándola de pequeños momentos de “pelusa” o debería decir “felicidad”... aquello que queda detrás de la escoba... aquello que esconden las palabras...

Mariana Pussó... 15/08/2011




Más relatos en el blog de Juan Carlos:  http://jwancarlos.blogspot.com/

sábado, 13 de agosto de 2011

"Viaje de ida"




Comenzó como una simple caminata, sabía muy bien hacia donde me dirigía; tu imagen llenaba todo el espacio de mi mente y añorándote me acercaba con cada paso, sin mirar hacia atrás, cada vez la distancia era menor.
            Estabas ahí esperándome, me senté a tu lado, ambos en una mutua compañía de complicidad. Supe que me había enamorado y que jamás podría alejarme de ti. Observé cada rincón de nuestro espacio, los suaves y bruscos movimientos, la lluvia de estrellas que caían sobre tu cuerpo, diamantes de sangre flotando sobre tu piel transparente y oscura al mismo tiempo. El vuelo mágico que los envolvía con esta suave brisa de esplendor. Quería estar allí, mirarte desde lo alto de ese vuelo salvaje y apasionado de su ser inquietante.
            En tu nombre imaginé miles de aventuras, soñé despierta viendo tu hermosa mirada que me sonreía. El sol me prestó su cálido manto por un momento para que el momento perdurara por siempre. En la soledad del encuentro, detrás del maravilloso mundo que mis ojos observaban, apareció su presencia, aquel extraño ser que quiso brindarme simplemente su compañía. Me reía, era tan tierno, allí recostado sobre estas piedras, sus ojos se cerraban con la tenue luz que alcanzaba su rostro hermoso y peludo. Sin decir palabras, los dos nos quedamos en la inmensidad del silencio compartiendo el amor que te teníamos.
            El tiempo pasaba frente a mí, mi cuerpo no se movía, no quería irme, me sentía atrapada ante tanta belleza, me envolvía con sus sabanas de la paz esta desesperante caricia. Mi alma se fue volando, flotaba en el aire, la podía ver y sentir, yo la observaba desde aquí, llena de orgullo por su triunfo, por su valentía, por animarse a subir tan alto, dejándose llevar por lo que siente y no por lo que la razón le dice que debe hacer.
            Mi cuerpo se levantó y comenzó el regreso a casa, se movía por inercia hacia su hogar, no sé como logró llegar. Allí a lo lejos, quedó mi destino; ella no volvió conmigo, se quedó en aquel bello lugar, junto a tu alma impaciente, para nunca más regresar…

Mariana Pussó… 6/08/2011


"Miradas"



Aún abatida por el cansancio,
Mi desvelo tiene nombre.
Iba viajando por la carretera,
Como tantas otras veces
Sentí que me sonreías,
El hermoso espectáculo cobraba vida,
Podía describirlo en la canción,
Tal cual una persona,
Pues estaba enamorada de sólo poder ver,
Sentirlo en cada pálpito,
Traspasaba a través del vidrio
Para sentir la suave brisa sobre mis rosadas mejillas.
Todo se esfumaba a lo lejos,
Como en un sueño confuso te desvanecías,
Creando un escenario majestuoso.
Lo más intrigante llegó con su presencia,
No lo veía directamente,
Lo veía a través de su reflejo,
Un perfecto círculo flotando en el vacío.
Jugaba a esconderse de mí,
Entre la sombra de los grandes árboles,
En el espacio que nos separaba,
A veces dando saltos,
Subiendo y bajando,
Como auto en autopista,
De tantas maneras pero con la misma forma.
Atrapada en la magia de poder observarte,
Con tanta tranquilidad,
Con tanta facilidad,
En un juego de niños perdidos,
El tiempo transcurría
Y yo sin poder atraparte.
Te miraba y al mismo tiempo no,
Sólo podía ver una parte de ti,
La fantasía de tu ser,
La mágica ternura,
La impaciencia de tu alma,
Todo a través de un espejo,
Sin poder tocar tu mirada.
Desolada en lo inmenso de este pastizal,
Que brilla de mil maneras distintas,
Pero ninguna tiene tu luz,
Aunque también puedo equivocarme.
Extraña comparación surge en esta dulce canción,
El sol personificado,
Dando calidez en la sangre
Que lo envuelve de esta luz diferente,
Sin cegar la suave mirada que te brindo.
Talvez algún día las miradas se puedan cruzar,
Sin que mis ojos te castiguen,
Sin que tu luz me deje a oscuras,
Sin sentirnos abatidos
Por el destino que nos observa desde aquí…

Mariana Pussó… 27/07/2011




"Un cielo perdido"


Quisiera que todo fuera una pesadilla,
Despertar y ver tu rostro que me sonríe.
Al parecer todo me lleva a ti,
Me inunda una sensación que desmorona cada espacio de mi piel,
Pidiendo a gritos salir en tu búsqueda.
La extraño a ella, te extraño a ti,
Que calmas la tormenta,
Transformando este infierno en un cálido lugar.
Sin saberlo vas de mi mano,
Tampoco quiero que me sueltes,
Aunque el cielo parezca tan lejano,
Me enternece contemplarlo desde aquí.
El observar este paisaje,
Me hace viajar a tu encuentro,
Unidos por este bello mar,
Que nos separa en la inmensidad.
Por favor cura mis heridas,
Estoy sangrando por donde mires,
¿Cómo curar las heridas del alma?
En este abismo me desnudo al silencio,
Quedo inmóvil  ante tu aliento,
Confundida por tu caminar,
Perdida en lo incompresible,
Abatida por el dolor,
Que me hace saber que está aquí cuando respiro,
Queriendo poder abrazarla, abrazarte.
Dos formas de desencuentro,
De almas y de corazones,
Lejos de este mundo y cerca,
Ambos me clavan un puñal en el corazón.
Me quiero perder lejos de este encuentro,
Esfumarme en la neblina,
Desapareciendo poco a poco.
Ir en busca de mí ser,
Que creo haber dejado por ahí.
Olvidar aquello que presiento,
Aquello que me perturba,
Olvidar que está lejos, estás lejos,
Pero más cerca que nunca…

Mariana Pussó… 26/07/2011


jueves, 11 de agosto de 2011

Jueves literarios: la playa...




A ella le gustaba ir por las noches a la playa, caminaba hasta el muelle y pasaba horas contemplando el mar. Las noches eran mágicas, el escenario desierto de almas recobraba vida cuando el sol se ponía en el horizonte y allí a lo lejos brillaba la hermosa y radiante luna. Un manto negro la cubría de un esplendor de vida; las estrellas se veían reflejadas sobre las calmas sábanas que arropaban el espeso volcán de aguas profundas.
Había días que se podía ver en el infinito mar, la sabrosa naranja que se asomaba, creando una ilusión de cuento. Solía crear elocuentes historias en la mar, dejando caer sus pies desnudos sobre la turbulenta y suave brisa de diamantes blancos. Se llevaba un rico vino para las noches frías y mate para los demás encuentros, y su infaltable libreto en donde guardaba su más preciado tesoro: sus escritos; pues ella era escritora.
En su delirio se hundía en las aguas, imaginaba que conocía criaturas marinas, imaginaba que volaba sobre el mar perdiéndose en la lejanía. Por momentos caminaba sobre el agua, como vidrio de cristal todo se paralizaba, los movimientos se detenían; el silencio rompía con fuerza contra las piedras y la realidad ensoñada volvía a su lugar.
Estaba enamorada de aquel lugar, era feliz en su soledad; se llenaba de melancolía con cada ola que se estrellaba, deteniéndose en la planicie de la playa que la envolvía, unidos en un encuentro tan íntimo, tan penetrante. El mar acariciaba con sus suaves y delicadas manos, sonrojando a la áspera y volátil arena, en un encuentro apasionado de cuerpos que cobraban vida en aquellas noches mágicas de su imaginación. Dos amantes separados y unidos en una misma mente.
Como decirle adiós a tanta belleza;  el día asomaba volviendo la realidad a renacer, escondiendo por un momento aquel cuento de ensueño que llegaba con cada nueva noche. Había pasado toda una vida en el mar, sus primeros pasos fueron dejados sobre la arena, su primera sonrisa se la llevó la brisa, su corazón palpitaba con cada ola que rompía sobre la costa; el mar y ella formaban uno, en una unión majestuosa.
Todavía cierro mis ojos y recuerdo con tristeza aquel día. Ella seguramente me esperaba en el muelle, nuestro muelle, junto a dos copas de vino, me esperaba como todas las noches. El trabajo me retrasó ese día; cuando menos lo esperaba, su propio amor se la llevó mar adentro. Tan de prisa, una ráfaga de luz y tormento se la llevó. Intento imaginar y pienso que seguro no corriste, miraste fijo hacia el frente y en ese instante, presa del pánico fuiste feliz, era tu muerte perfecta, atrapada en la inmensidad de tu propia pasión. Por fin mar y arena se fugaron juntos, amantes de la noche con testigo de la luna, unidos en la fantasía de su ser, de su alma inquieta, al igual que su amado, almas inquietas se unieron y consagraron su amor allí en esa playa que te vio nacer, que vio nacer este amor de fábula.
Esa noche hubo un tsunami, y yo no llegué al encuentro, te dejé esperando. Aquí observando a tu amante, que te robó de mis brazos, te sigo esperando bella mía; esta vez yo soy la arena y tu el mar, que se encuentran cada noche para consumar su amor, en esta playa que te vio morir y renacer en cada ola que llega hasta mi orilla…

Mariana Pussó… 10/08/2011



Más relatos en el blog de Juan Carlos: jwancarlos.blogspot.com


jueves, 21 de julio de 2011

"Susúrrame la canción"


Tu ausencia no me deja descansar,
Tantos años recordados en cuestión de segundos,
Segundos que parecen eternos,
Noches largas de una espera infinita,
Una espera que no tendrá un final.
La desgarradora voz lucha por salir,
Por descansar de esta tortura,
Se desliza por mi piel suavemente,
Siguiendo un cálido y húmedo recorrido de lágrimas.
Un esperado abrazo que no llegó a destino,
Porque el destino se adelantó
Arrebatándote de mis brazos,
Dejándome en la dulce espera de quererte.
¿Por qué tuvo que surgir este desenlace?
¿Por qué el cuento no fue otro?
Ninguna pregunta me acercará ya a ti,
Ya no hay quien responda,
Ya no hay palabras al viento,
Sólo puedo ver su ausencia.
Pude gritarle al silencio de la noche,
Alivio que cubrió toda mi alma,
Aunque fuera por un momento,
Me quedé contemplando el tiempo,
Hasta perderme en la nebulosa del soñar,
Hasta viajar mar adentro,
Desapareciendo en la inmensidad del lugar.
Que difícil poder soñarte,
Dejar el dolor atrás
Parece un imposible,
Que me hace saber que eres real,
Tan real que entras a través de mis venas,
Produciéndome un fuerte pinchazo.
Como zombi me quedo inmóvil ante tu muerte,
Irónico pensamiento surge en tu memoria.
En este desierto escucho una voz que me sonríe,
Una caricia al corazón herido,
Haciéndome pensar en un sol por la mañana,
Un roce de tus manos en la suave piel de mi rostro.
Hermosa caricia de dulzura,
Salida de este cuento,
Que quiere tenerte más cerca que nunca,
En un abrazo que sólo los ángeles se atreven a desear.
En este espacio en blanco,
Que la tinta llena de ti,
Tinta encapsulada en una envoltura sólida,
Que mis delicadas manos deslizan sobre su cuerpo,
Se amoldan creando una obra,
¿Qué obra?
La obra de mi vida,
Aquella que late en cada tintazo
De este encuentro conmigo.
Bailando cierro mis ojos,
Me dejo llevar por la música,
Me duermo escuchando esta canción…
¿Tú también puedes escuchar?
No lo digas,
Esperaré poder oírte cuando le susurres al aire.


Mariana Pussó… 13/07/2011



"Un espacio por llenar"


Alguien una vez me dijo que si mis ojos no quieren descansar perturbados del dolor, que llenara el vacío de tu ausencia con pequeños trozos de mi anhelo, de esa música que me hace vibrar, que me hace saber que por mi sangre corre pasión, esa emoción que renace en cada palabra de este papel. Aquí voy:

Cierro los ojos y me dejo llevar por la suave melodía de esta trompeta al compás de sus compañeros. Imagino que bailas en compañía de él, con una sonrisa en el rostro y una flor que posa sobre tus cabellos. Estás perfectamente arreglada y maquillada con un tenue rojo en tus labios, que combina con tu glamoroso vestido. Tus ojos iluminan el salón repleto de rostros, tu mirada brilla como las estrellas.
Una cara familiar y desconocida al mismo tiempo, te mira con anhelo, con ternura; después de tantos años uno lejos del otro, al final del camino se encontraron nuevamente. Ella me solía decir: “Alfredo fue el único amor de mi vida”. Desde que tuvo que partir lo extrañaste hasta el fin de tus días, añorando que en el último escalón pudieras ver su amado rostro una vez más.
Entonces lo tomaste de la mano, te sonrojaste como si fuera la primera vez que lo sentiste tan cerca de ti, tan cerca que sus labios rozaban con los tuyos, tan cerca y tan lejos, que pedías que la distancia fuera infinita, eterna, porque jamás querrías que se alejara de esa décima de segundo de tu piel. Cruzada de miradas, mirada de un tenue amarronado y un suave verde, mirada fugaz, que sólo el tiempo pudo volver a unir para jamás separar nuevamente.
Bailaron toda la noche, flotaban en el espacio, sus risas los elevaba ante mi, hace tiempo que no los veía así, simplemente juntos, quizá nunca. No se porque te imaginé de esta manera, la música me llevó a ti, para llenar este espacio vacío que dejaste y que de alguna forma intento llenar, en este pequeño libreto que encontré guardado en el olvido de este cajón marchito.
No pude ver su rostro, sólo una figura elegante en ese traje de gala. Lo importante es que tú lo pudiste ver, para perderte en su bella mirada. Me acerqué hacia él y le pedí que te cuidara, yo me encargaría de cuidar a sus amados de aquí; ese fue nuestro trato que en secreto guardaremos hasta volver a vernos algún día, pero aún no.
El sonido del tiempo resuena en mis oídos, haciéndome saber que tu recuerdo está aquí conmigo, haciéndome saber que ustedes están allí, en una gran comunidad de almas. Algunas sin nombre, sin rostro, sin un presente pero aún así con un pasado, una historia; otras presas viejas del olvido, abandonadas al destino o quizá al transcurrir de los años; otros cuidados y con visitas diarias, mensuales y también anuales, que dejan una flor fresca para que el tiempo intervenga nuevamente y poco a poco se marchite, dejando un recuerdo en su memoria, un suspiro en cada pétalo, una lágrima en ese adiós que te cuesta pronunciar sin sentir que te derrumbas cada vez que lo haces. Porque ese adiós  ya no tendrá un reencuentro a la vuelta de este viaje, tal vez si al final de este nuevo camino, que deja sus huellas al mirar hacia atrás pero al mirar hacia el frente se encuentra con muchos caminos por recorrer. Sé cual es el final de esta historia pero no sabré que hay antes del adiós, como no sé que hay delante de este adiós en particular, eso es lo emocionante de esta historia, que puedes cambiar su desenlace antes del esperado final.
Te miro en el espejo que te refleja, como gota de agua, pero ya sin tu aliento, sin tu marca personal; sólo el silencio y yo en este cuarto a pocas luces, con susurros en el aire, con palabras dichas al olvido de este reflejo que guardaré en lo recóndito de este mar revuelto y extravagante de mi alma.
Es raro ir a visitarte allí, dos mundos diferentes nos separa y nos une más que nunca, porque hoy más que nunca extraño la simple presencia de tu ser. Siento trabado ese adiós que aún nos une, y que espero poder pronunciar algún día sin sentir el corazón perturbado, poder sentir calma y recordarte con esperanza.
Dejé atrás a una persona, para pasar a ser otra, aunque por fuera seamos iguales, por dentro seré otra a partir de ese momento que me cambió, ni para mal, ni para bien, simplemente me cambio.
Levanto mi mirada, tú y él me miran, sonríen, entonces muevo mi mano saludando, tratando de poder decir adiós, empezando por esta imagen de mi rebuscada imaginación, que te imagina con este disfraz bonito para llenar con palabras este espacio de papel, que más que papel se refleja en lo profundo y oscuro de mi ser…


Mariana Pussó… 11/07/2011

jueves, 21 de abril de 2011

Jueves literarios: "La radio de la noche"


Me recosté sobre la cama, ansiosa por reencontrarme con la hora dispuesta al relax, la música, las palabras; en un espacio que me hacía sentir acompañada. Prendí la radio a la hora precisa, eran las 00 horas en punto, ni más ni menos. La noche se veía triste y desolada en el primer tema melódico que acariciaba mis oídos; miraba a través de la ventana de este viaje, podía sentir que en mis ojos llovía, en el reflejo de una noche oscura, oscura no solo por ser de noche, oscura en un sentido más abstracto. Miraba hacía el cielo cubierto de nubes, veía caer cada minúscula gota pero no podía ver sobre qué caían, no quería, estaba hipnotizada en la danza que bailaba la lluvia junto a la tristeza que la envolvía. Paisaje solitario y deslumbrante al mismo tiempo.
Siguiendo el recorrido de la música, me encontré con un pasaje menos desamparado, calmó la lluvia y a lo lejos se podía observar que las nubes se disipaban. Ya no era un paisaje deslumbrante pero daba una sensación de ilusión en la noche envolvente.
Por un momento sentí que me dormía, entre despierta y casi dormida, pasaron los temas volando... Me sobresalté al escuchar uno de mis temas favoritos, donde el cielo ya se había despejado casi por completo, se podían observar luminosas estrellas en la oscuridad que envolvía la ciudad. Expectante cielo reflejado en luminosas pintitas de luz, y a lo lejos se podía contemplar la magia de la esperanza perdida tiempo atrás en este encuentro con la dulce música que cubría cada rincón de la habitación. 
Casi llegando a destino, la noche se volvió cálida a pesar del frío que cubría el afuera; el cielo completamente despejado, cubierto en su totalidad de estrellas y de una brillante y seductora luna llena, se podía presentir la calidez del encuentro. Llego el momento de bajar del colectivo, el viaje había llegado a su fin... apagué la radio y cerré finalmente mis ojos después del largo y agotador recorrido por la mágica melodía de aquel inolvidable viaje astral de las emociones hechas canciones...

Mariana Pussó - 21/04/2011



Más relatos en el blog de Gus: http://callejamoran.blogspot.com

lunes, 18 de abril de 2011

"Cabalgata por las nubes"


Los sueños... Esa noche había soñada muchas cosas, soy de soñar bastante en general. Algunos sueños feos, otros excitantes, otros apasionados pero este sueño en particular fue asombroso. El contexto del sueño no lo recuerdo con claridad, me encontraba cabalgando en un hermoso caballo blanco, primero caminaba suavemente y de a poco empezaba a trotar. Nos sumergíamos en un campo desolado, lejos de la ciudad, cruzando un pequeño y delgado puente que yacía sobre el agua. Mientras galopaba sobre el prado sentí una sensación extraña, me deslicé apoyando mi cuerpo sobre el caballo, mi cabeza caía sobre el lomo del bello animal. Cerré los ojos por un instante, sentí que podía ver a través de sus ojos, él me guiaba, él era jinete y caballo al mismo tiempo. Caminaba suavemente, mientras yo observaba su rostro, su dulce e intrigante mirada y acariciaba lentamente su corto pelaje. Una inexplicable conexión nos envolvió, parecía que flotábamos en ese maravilloso sueño. De regreso volvimos a cruzar el puente, entramos en un bosque, tuvo que disminuir su trote, había un árbol al lado del otro, puse mi mirada en el horizonte. El uno en el otro nos guiaba. Luego todo se hizo confuso...
Aún puedo sentir que sigo cabalgando, en esa conexión inexplicable que nos unía en la mirada, en cada movimiento que rozaba el viento, en su pelaje sobre mi piel, en su olor, en sus sentidos, formamos uno por un instante.

Mariana Pussó - 18/03/2011 

Este jueves relato: "Ensalada de pimientos"-"Piquillos del infierno"

Este jueves relato : "Ensalada de pimientos"-"Piquillos del infierno" " Piquillos del infierno " La forma perf...