domingo, 19 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad: la suerte de la mala suerte...

Margarita se levantó temprano esa mañana del 23 de Diciembre, para hacer los preparativos del viaje a la ciudad de Bariloche. Se encontraba viviendo en Buenos Aires, había viajado hasta allí, lejos de su familia y amigos, para dedicarse a los estudios. Quería ser doctora, su familia estaba muy orgullosa de ella. Llevaba allí tres años, había tenido que acostumbrarse al alboroto de la ciudad, los ruidos, la inseguridad, el calor húmedo cuando se acercaba la época de veraneo. Pero al fin había llegado el gran día, sólo que había un problema, había estado atareada con los finales que no había ido a sacar el pasaje de avión para Bariloche. Esperaba poder conseguir, sino iba a tener que esperar hasta los próximos días, pues se acercaba Nochebuena y muchos querían viajar. 
Una vez que guardó todas las cosas en el bolso y ordenó un poco el lugar, salió del departamento y bajó para tomar un taxi rumbo al aeropuerto. Una vez en camino, casi llegando al aeropuerto, el auto se rompió; Margarita no lo podía creer, se le hacía tarde para el vuelo y ni siquiera tenía el pasaje de avión. El taxista le pedió disculpas, ella le pagó y comenzó a caminar lo más ligero que podía, no faltaba mucho. Mientras caminaba el taxista le decía: “Te mando otro coche si querés”. Pero Margarita siguió casi sin escucharlo.
Llegó empapada de transpiración al lugar, fue directo a la boletería. Se iba acercando y mientras a lo lejos veía que alguien venía corriendo hacía la boletería, entonces apuró el paso, pues vio que había una cola terrible de gente. Esperó, esperó... hasta que por fin llegó su turno. Pero al pedir el pasaje, una mueca de tristeza se dibujó en su rostro, pues el hombre anterior a ella había comprado el último boleto a Bariloche, el vuelo estaba lleno.
Se sentó en una banca con todo su equipaje. Pensaba que pasaría sola Navidad, pues sus compañeros de facultad ya se habían ido a sus lugares de origen con sus respectivas familias. “¡Si hubiera llegado 1 minuto antes, maldito taxi!”...
Se le acercó un muchacho joven, al ver caer sus lágrimas sobre su triste pero hermoso rostro. Se presentó, su nombre era Nicolás, y le contó que el viajaba rumbo al sur. Había visto el episodio de ella en la boletería, él se encontraba detrás de Margarita en la fila; así que iba a viajar en auto con su amiga Estefanía, ella se prestaba a llevarlo hasta Bariloche. Tardarían mucho más pero llegarían para el 24 por la noche seguro. Margarita pensó en miles de cosas a la vez: “Era peligroso porque no lo conocía pero quería ir con su familia...” Sin saber bien porque pero su respuesta fue un “SI”.
A todo esto su familia no sabía nada de Margarita, les había nombrado que trataría de conseguir pasaje para el 23 pero no era nada seguro. Cuando quiso avisarles por celular que viajaría en auto, se dio cuenta que había olvidado su celular en el departamento y lo que era peor aún, no recordaba el número de celular y ya estaban en ruta... “¡Qué mala suerte! Iban a estar preocupados pero les daría una linda sorpresa”.
Así comenzó el viaje a eso de las diez de la mañana del 23 de diciembre. Durante el largo viaje, pararon varias veces para cargar gas, comer algo y descansar un poco por la noche del 23, no era muy seguro viajar de noche, había mucho tráfico por las rutas dado que se acercaba Nochebuena. Durante las largas horas de viaje Margarita se hizo dos nuevos amigos, el comienzo de una relación de amistad en un viaje disparatado, y aunque ella lo negara por el momento, sabía por dentro que sentía una gran simpatía por Nicolás.
Tras el largo viaje, por fin a lo lejos se veía Bariloche, estaba oscureciendo en la ciudad. Les dijo a Nicolás y Estefanía que la dejaran a una cuadra de su casa para darle la sorpresa a su familia, porque por ahí se encontraban tomando mate en el parque de adelante de la casa. Guardó los números de teléfono de ambos, les dio la plata correspondiente a los gastos del viaje y se despidió con un gran abrazo. Se alejó mientras miraba directo a los ojos a Nicolás, devolviéndole la sonrisa que le daba.
No había nadie afuera de su casa. Golpeó despacio la puerta y esperó a que le abrieran... Su hermano abrió la puerta, y para su sorpresa se encontró que todos gritaron con fuerza y alegría, había algunos llorando. “¿Porqué lloraban? ¿Tanta emoción de verme?”  La abrazaron con mucha fuerza, no la querían soltar. Después que todos se calmaron, Margarita les contó lo sucedido rápidamente y que había olvidado su celular en el departamento. Entonces su madre le pasó a contar que estaban muertos de terror por ella porque el vuelo que salió el 23 de Diciembre rumbó a Bariloche, se había estrellado. La intentaron llamar mil veces pero no respondía y entonces esperaban lo peor. Escuchaban las noticias que iban nombrando los cuerpos reconocidos, temiendo que Margarita se encontrara entre ellos. El padre quería viajar a Buenos Aires pero no conseguía como hacerlo, todo estaba ocupado, nadie quería viajar en Navidad.
Margarita no lo podía creer, se le vino a la mente el momento en que estuvo apunto de comprar el pasaje en la boletería, recordó claramente el rostro del hombre que se encontraba antes que ella, él había comprado el último boleto y ella había pensado en ese momento: “¡Qué suerte!”... Miró los rostros felices de su familia y la inundó un pensamiento: “¡Qué bueno es tener “mala suerte” de vez en cuando!”
Se dio cuenta que era Nochebuena, estaba con su familia, estaba en casa... entonces dijo en voz alta: “¡Qué afortunada soy!”.


Vivimos en este mundo que nos lleva deprisa por la vida, a veces nos quejamos de la mala suerte que tenemos, lo desafortunados que somos... pero no nos damos cuenta que esa “mala suerte” a veces es nuestra suerte!!! Por eso quiero dedicarles esta pequeña historia a mis amigos, los que están cerca y los que están lejos; a mi familia, con la que convivo siempre y la que veo de vez en cuando; a mis amores, Pepa y Pusky (mi coneja y mi perro); a mi gordo; a los que a través de este blog nos comunicamos en la distancia con las palabras; a todos ustedes... Gracias por hacerme sentir tan afortunada!!! Los quiero mucho!!!! Felices Fiestas a todos!!!!!!!!!!!!!!!!!! :0)

Mariana Pussó... 19/12/2010



lunes, 13 de diciembre de 2010

Este jueves literario: Historias de ascensor...

 Los hechos relatados en la historia son reales, cualquier semejanza con la fantasía es pura coincidencia...

Historias de ascensor, cuando lo leí, enseguida se me vino a la mente aquel inolvidable recuerdo que incorpora en el relato al tan nombrado ascensor de nuestros tiempos.
Nunca me han gustado demasiado los ascensores, por miedo a quedarme encerrada o peor aún que se caiga y yo esté en él. Pero estando alquilando en un piso quince lo pensás dos veces y subís al ascensor. De todos modos la historia comienza mucho tiempo antes de que tuviera que alquilar un departamento para ir a estudiar. En ese entonces era mi hermano el que alquilaba un departamento junto a su amigo Sebastián, en la ciudad de Mar del Plata. Tenia quince años en aquel entonces, ya hace seis años del suceso que relato. Había ido de visita junto a mi madre y mi abuela, por las vísperas del cumpleaños de Emmanuel, mi hermano. Por la tarde de ese mismo día, salimos a hacer las compras para la noche. Nos encontrábamos en la puerta del departamento a punto de salir, entonces me adelanté por las escaleras, en ese momento no me subía a un ascensor a menos que fuera necesario, pero en este caso sólo eran cinco pisos. Los esperaba abajo en el hall de entrada del edificio pero no bajaban aún. Habrán pasado unos pocos minutos y nada... Entonces en la aburrida espera se me ocurrió la vaga idea de asustarlos cuando se abriera la puerta del ascensor. Por dentro me reía de mi picardía. El ascensor se mueve, pensé para mi: “ahora sí, los voy a asustar”. Me preparé en posición, escondida al costado del ascensor y cuando se abrió la puerta grité con mucha fuerza el famoso “buuuu”. Para mi sorpresa y la del señor que se encontraba dentro, el cual pego un grito terrible, “¡Pobre hombre!”. No era a quienes esperaba, debo haber estado bordo en ese momento o violeta. “¡Que susto se pegó el señor! ¡Menos mal que no sufría del corazón!”. Lo único que pude decirle en ese momento fue: “¡Ay! Disculpame, pensé que era otra persona”. No me puteó, no se enojó, a pesar de semejante susto al salir del ascensor lo más tranquilo. Se marchó medio riéndose pero con la cara aún medio pálida, creo. 
A penas salió del edificio comencé a reírme y no podía parar, lloraba de la risa y por dentro pensaba: “¿Habrá pensado que lo querían asaltar? Aunque lo más probable es que halla pensado ¡Esta loca! y varias puteadas más”.
El ascensor se abrió nuevamente y esta vez bajaban los esperados, mi hermano, su amigo, mi madre y abuela. No entendían porque me reía tanto y entonces les pasé a contar lo sucedido...
Tengo varias anécdotas con ascensores pero esta me pareció la más divertida y la más alocada (nunca se me ocurrió pensar que detrás de la puerta podía salir cualquier persona). A pesar de tenerle ese miedito de siempre al ascensor (aunque ya me acostumbre con el tiempo), me quedó ese gustito espectacular de aquel episodio, del cual siempre recuerdo con mucha gracia. Trato de imaginar que pasó por la mente de aquél pobre señor y me digo a mi misma: “Por más vergüenza y mala sensación al darme cuenta que no era a quien esperaba, fue un momento que si se dieran las circunstancias nuevamente, ¿Lo volvería a hacer? Y sí, creo que sí... jajaja Pero fue “el momento” que se dio en un lugar y tiempo determinado de mi existencia pero ¡Que gran momento! Inolvidable, que expreso en estas palabras que le dedico al tan nombrado ascensor de nuestros tiempos.

Mariana Pussó... 13/12/2010


Más relatos de los jueves: Historias de ascensor, en el blog de Gus!!!
www.callejamoran.blogspot.com





sábado, 11 de diciembre de 2010

Para Jessi y Jazmín...

Jazmín...Nació el Jueves 9/12/2010 a las 13:30 hs con un peso de 2,250 kg. ... Ochomecina sagitariana...


Pienso en ti y me lleno de alegría,
Pues intento imaginar tu rostro sonriente,
Tu alma llena de alegría
Y la vez cansancio,
Pues dicen “fue un parto”
Cuando se padeció algo,
Pero la parte que no te cuentan
Es cuando ves su carita por primera vez,
Su pequeño y frágil cuerpo,
Escuchas por primera vez su voz,
Que llora anhelando calor, amor.
Imagino todos esos meses junto a ella,
Creciendo lentamente dentro de ti,
Escuchando la melodía de tu voz,
Moviéndose en un espacio confortable,
A veces quieta en el silencio,
Pero sabías que ella estaba ahí junto a ti.
Impaciente por conocerla,
Impaciente por conocerte,
Pues tu eres su dulce voz,
La voz que la guiaba y la calmaba,
La voz  que la acompañaba hasta en los momentos más oscuros.
Llegó el gran día esperado, de sorpresa para todos,
Fue larga la espera,
Aunque en realidad corta,
Pero ahí estabas pequeño ángel,
Frente a tu bella madre,
Que imagino te miraba con devoción,
Con admiración,
Anhelando tenerte en sus brazos,
Para entregarte lo que sabe muy bien dar: amor.
Ella estará ahí para cuidarte,
Para enseñarte paso a paso,
Para ayudarte y apoyarte cuando caigas,
Para levantarte en tus primeros golpes.
Serás la reina de su corazón
Y tu el sol de todas las mañanas amiga querida.
En un sueño te vi venir,
Allí dando tu primer paso, 
Que te trasportaba a la nueva vida,
Que acaba de comenzar.
Imagino y te imagino,
Pero por más que lo intente hay una cosa que es evidente: hoy será el día más hermoso de tu vida, porque ella llegó para llenar tus días de luz y para que no sólo aprenda de ti, sino que tú también aprenderás de ella... porque hoy es el principio de una espera anhelada...

Mariana Pussó... 9/12/2010

Las quiero mucho mucho!!!! (mi bella amiga y mi sobrinita del alma)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una convocatoria literaria. Este jueves un relato: "¿A qué animal te gustaría parecerte?!



Me encontraba viajando rumbo a la ciudad de Tandil, estaba leyendo una revista para pasar el rato. Me entretuve con un cuestionario de preguntas y respuestas, donde una de las preguntas era: ¿A que animal te gustaría parecerte? “¡Clásica pregunta que alguna vez hemos imaginado!”. Me quedé pensando, estaba segura de la respuesta a esa pregunta, pero entonces los vi a través de la ventana del micro...
Ha estado presente desde épocas muy antiguas, como medio de transporte, como medio de trabajo, como medio terapéutico para niños especiales, en los deportes e incluso en las guerras, frente al campo de batalla, con la cabeza en alto. Mi tío solía contarme que en tiempos lejanos, cuando era joven, él se encargaba de ganar su confianza, pero no de esa forma cruel y brutal, donde los golpean y se divierten de ese estúpido juego. “¡Quisiera ver que te humillen así para que te adaptes a otro!”. De a poco ganaba su confianza, con algo que servía más que sólo golpes, cariño. A su paso, lento, pero el resultado era un enlace muy fuerte, que los unía siendo uno los dos y que mostraba una vez más que los animales pueden sentir tanto amor como el ser humano, o incluso más a veces, ¡compañero fiel!. No se que impones pero tu presencia me cautiva, me quedo perdida en tu mirada, con todo tu ser, embobada como niño con juguete nuevo. Belleza cautivante pero más bello es tu interior, tu espíritu libre que corre por las nubes sin que nadie lo detenga, no vacilas, caminas con tu mirada en lo alto. Puedo sentir tu respiración, cada latido de tu corazón, que me abre aquel lejano y cercano recuerdo de mi infancia, que me dice que puedo ser tú por un momento...
Sin darme cuenta me encontraba trotando sobre aquel verdoso prado, sentía mis pesuñas sobre el sedoso, esponjoso y delicioso pasto. Podía correr sin restricciones, nadie me detenía, allí no había alambrados que me detengan, sólo el horizonte infinito junto al sol que se iba escondiendo de mis ojos. Siento el dulce sonido de mis pisadas, que truenan contra el suelo, resuenan alcanzando las más lejanas montañas. El viento me roza el cuerpo, mis cabellos vuelan, estoy compitiendo con el águila y por momentos siento que puedo volar.
Miro a mi alrededor, mis compañeros me siguen a la par en el viento, un río de espíritus que sueñan con la libertad. Ni los árboles me detienen, pues salto tan alto que casi puedo tocar las estrellas. Entre corridas y sueños pedidos, el cielo negro me envolvía cubierto de miles de estrellas. Me detengo a contemplar, bello manto que alumbra mis ojos, o talvez era mi mirada la que alumbraba ese oscuro lugar.
Estrellas, luces... “¡Señorita!”. El chofer me llamaba, habíamos llegado a la estación de Tandil, ya habían bajado todos y yo seguía allí como hipnotizada. Estaba oscuro y mientras volaba imaginándome en tu lugar había olvidado decir la respuesta a la pregunta... por un momento me puse en las pesuñas de mi caballo interior y me encontré frente a frente con tus ojos sobre los míos.

Mariana Pussó... 9/12/2010






lunes, 6 de diciembre de 2010

"Amalia- Un sueño dentro de otro sueño" de Mariana Pussó






Destino, una palabra que encierra mil maravillas.

He de contarte aquí la historia de la bella Amalia...
Recordando aquellos memoriosos tiempos, sinfín de días en el paraíso y también en el tormento. Aunque estaba segura de lo que sentía y era amor. Poco a poco Amalia comenzó a quererse, a amar las cosas en todas sus formas, colores y disfraces. Solía hacer largas caminatas por el río preguntándose sobre su existencia, el mundo junto con sus maravillas y sus tristezas, su destino. Pero sabía a pesar de todo que su corazón estaba roto, algo vacío y no era porque le faltara amor, comida, agua y un techo que la contenga, Amalia había perdido-podría llamarla fe, esperanza.
Mil preguntas, ninguna respuesta; mil respuestas a una pregunta. ¿Qué sucedía en ese sueño? Un sueño dentro de otro sueño quizás.
Entonces la joven sintió algo que no había sentido hace mucho tiempo, se sintió niña otra vez, se sintió viva, quería ser ingenua por momentos, donde todo es realmente sorprendente, todo es único y tú eres único. Bailó durante horas, días, meses y años con esa melodía glamorosa y perdida en el vacío pudo encontrar el árbol perdido.
Siempre sintió curiosidad por lo desconocido, lo dudoso, lo imprevisto, lo fantástico, lo mágico, y gran parte estaba delante suyo. De frente todo un mundo y más allá todo un universo, un sueño dentro de otro sueño.
Amalia tuvo que sentir dolor para saber realmente que es reír desde lo más profundo y sincero de tu ser; el dolor adopta muchas formas pero al reír nos reconocemos todos con la mirada. Estuvo en silencio para estallar en palabras y se detuvo luego para contemplar el silencio nuevamente. Lloró hasta que sus ojos estaban secos y tuvo que ir por más agua. Como en la vida, hubo sequías, hubo diluvios y hubo un lugar “perfecto”. Se sintió sola estando rodeada hasta que comprendió que estaba llena estando sola. Sintió odio y amor, y comprendió que odiar era tan fácil y amar era mucho más complicado. Perdió el aliento hasta que no soportó y fue en busca de oxígeno, fue en busca de su destino. Anheló libertad estando libre hasta sentirse libre estando esclava. Presa de la pasión se dejó encarcelar por la libertad y se sintió en un sueño que al despertar era otro sueño.
Caminó por la tierra mojada, ese olor desorbitarte que la volvía loca y estando loca y llena de barro, decidió seguir nadando en ese mar de lodo, que tuvo un principio pero que aún no tiene un final. En la duda prefirió seguir, intentando encontrar miles de respuestas y no una respuesta en tierra firme.
Caminó en la lluvia porque sabía que era un sueño dentro de otro sueño, y que cuando despertara se daría cuenta que aún estaba soñando...

Mary...
8/11/2010

domingo, 5 de diciembre de 2010

"Caminata por el río" de Mariana Pussó


Esa tarde de Noviembre salí a caminar o podría llamarlo paseo...
Antes de emprender rumbo al río mi mente estaba algo perturbada, inquieta, pensativa; me dolía también la cabeza y el cuello, tras el encierro de mirar una larga película. Salimos a pasear con ella, complaciente compañía para viajar tan lejos. Entonces comencé a oír los pasos que me seguían, iban a la par de mi sombra, en ese momento comenzó mi viaje, el viaje que me trasportó a la paz de mi ser.
El crujiente sonido, imposible explicar en palabras la sensación que me trasmitía la melodía de mis pies rozando con delicadeza el suelo cubierto de pasto y tierra. Podía sentir la dureza, podía sentir que flotaba por momentos, que el polvo volaba y cubría todo mi alrededor. Y ese olor que llegaba a mis pulmones, oxigenándome por completo, olor a libertad, a naturaleza, aire con un toque de sabor a puro. Podía sentir la delicadeza de su suavidad en mis manos rozándolos. Hasta mis oídos llegaba este bello encuentro, la suave brisa que hacía que los bastones bailaran con ella, al igual que la danza de los sauces, todos se unieron a la fiesta y bailaron aquella melodía tan especial, que podía oírse hasta en el lugar más lejano de esta ciudad. Por supuesto no todos podían verla y no todos se detuvieron a escucharla.
Estaba con ella pero en realidad estaba conmigo, lo único que podía “ver” era mi propia sombra, no veía a nadie más, sólo sentía su compañía a mi lado.
De a momentos cerraba mis ojos, respiraba profundo y seguía caminando, podía ver con los ojos de mi alma y así seguir avanzando en este largo y arduo viaje por el río de mi interior. Nos sentamos por un momento las tres, para descansar y poder contemplar aquel espectáculo de la tierra. Al continuar viaje pero esta vez de regreso, pues en algún momento había que regresar, en el viaje de vuelta a la ciudad de los hombres, me detuve en un camino que bajaba a la orilla del expectante atardecer del recorrido del río. Mis pies se hundían en el lodo que cubría aquel relieve algo pantanoso; me subí a unas piedras y desde allí pude ver lo alto de esta montaña, el recorrido infinito del río ante mi horizonte limitado pero sentí que mi ser no tenía límites y me sentí en lo alto y en el pie de mi montaña, pero era mía. Volví hacia ella y luego de observar con cuatro ojos, llegó el momento de la partida.
Miré hacia atrás, volvíamos dos (ella y yo), pues dejé atrás los otros ojos que me pesaban. Por eso cuando volví mi mente estaba tranquila, segura, no me dolía nada y estaba despejada, pues no estaba pensando en nada, tenía los ojos cerrados y mi corazón me guiaba...

Mary... 29/11/2010

viernes, 3 de diciembre de 2010

"El cuento del casi-sueño" de Mariana Pussó

¿Te ha pasado sentir que estás en un casi-sueño? ¿Has sentido estar presa de tus emociones? En un casi-sueño todo es posible.
No estaba dormida pero tampoco estaba despierta, te envuelve una sensación extraña, inexplicable. Podía oír el afuera que me llamaba, que se movía, creí que podía moverme pero quise pronunciar unas palabras y mi boca no tenía aliento, no tenía voz, quería gritar y en lo oscuro de este cuento mis labios estaban petrificados.
Momentos antes creí estar despierta, me movía de un lado a otro en el espacio que me rodeaba pero recordando otros casi sueños comprendí que era una ilusión, pues mi mente estaba jugando conmigo como tantas otras veces. Entonces le seguí el juego, me paré junto a ella y le dije a pocos susurros: “juguemos”. Es un juego brutal, que estando despierta no sería así de simple pero como sabía que trataba de engañarme le tendí la mano para estrecharle una trampa, en este juego todo era posible. Placer que no era placer, sé que esconde aquel miedo guardado en el rincón muy lejos de mi conciencia pero muy cerca de mi realidad a la vez. Tener miedo no es malo, lo malo es que se apodere de ti completamente, ahí es cuando quedas fuera de juego.
Comencé a tomarle el gusto a este gran festín, cambié el curso de este juego perverso y le di un toque de poder. Ya se estaba tornando algo extraño, quería salir de allí pero no podía moverme. Sabía que podía hacer lo que quisiera pero entonces comprendí que nada sería mejor que despertar de aquel casi-sueño, pues me esperaba allí el verdadero camino a los sueños, los sueños de la realidad.
Entonces a lo lejos siento la presencia de un calor muy especial, quería verla, quería hablarle pero ella no aparecía en mi casi-sueño, ella estaba aguardando del otro lado. Quería sentir un cálido abrazo, quería poder sentir verdaderamente mis labios cuando reían. Creo que era hora de dejar de jugar e invitar a jugar a los demás, era demasiado divertido para jugar sola. Con todas las fuerzas de mi ser me dije a mi misma: despierta, despierta!!!
Abrí los ojos, me sentía algo confundida. Miré a mi alrededor, todo estaba oscuro y silencioso, ella se había ido, no había podido escuchar mis gritos. Pero estando afuera del casi-sueño podía mover mis labios para gritar y ser escuchada, podía mover mis labios para dar una sonrisa cuando ella abriera la puerta y se asomara el mundo de los verdaderos sueños, tus sueños. Prefería tomar los riesgos, a quedarme dormida en mi propia fantasía, pues aunque la realidad no sea un cuento de hadas, puedes escribir tu propio cuento.
¿Sabes cuál es la diferencia entre un casi-sueño y la realidad? En un casi-sueño puedes crear una ilusión de sueño y en la realidad puedes intentar lograr aquello que deseas. Prefiero intentar a quedarme encerada en mi propia soledad, a creerme el cuento que me contaron, entonces digo: “quiero escribir mi propio cuento”... ¿Qué dices tú?

Mary... 19/11/2010

jueves, 2 de diciembre de 2010

"Misty, el recuerdo de un olvido" de Mariana Pussó

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, di... Daniel se sobresaltó, estaba recostado sobre el piso mirando hacia el techo y de pronto oyó un ruido por los tejados. Se quedó en silencio durante minutos, observando en la oscuridad de su habitación, no podía ver absolutamente nada pero podía oír hasta el más mínimo ruido que se acercara a su casa. Se asomó hacia la ventana y miró cautelosamente a través de las rendijas de ésta. Salió espantado de allí cuando un gato saltó sobre el marco de la ventana, lo maldijo, odiaba a los gatos. Se preguntó en ese instante porque tenía uno entonces. Sólo quería poder descansar, hacía dos semanas que no podía dormir bien, estaba preso de la angustia, la paranoia, el temor, desconfiaba hasta de su propia sombra.
“Dos semanas antes...”
Daniel despertó como de costumbre a las seis de la mañana, luego de vestirse tomó un desayuno rápido y subió a su auto rumbo al trabajo.
Era un empresario muy importante, tenía lo que cualquiera pudiera desear: una casa gigantesca y lujosa, un parque desproporcional con pileta, la mejor ropa, el mejor auto, una novia despampanante, todo, todo menos una vida, su vida. Todo había comenzado como un juego, para luego pasar a formar parte de su vida, el dinero se había apoderado de su forma de vida y no podía vivir sin el, aunque no se daba cuenta de que estaba “muerto” en realidad. Al principio, el dinero le trajo mucho felicidad, su rostro siempre sonreía, era joven y poderoso, tenía el mundo en sus palmas. Pero poco a poco la sonrisa de su rostro se fue desvaneciendo, su vida se llenó de engaños, celos, mentiras, desconfianza, poder, a costa de la cabeza de otros, fue sembrando enemigos por todas partes y llenando su vida de billetes. Tenía los bolsillos llenos pero el corazón vacío. Daniel siempre había anhelado tantas cosas, pero llegado el momento fue desplazándolo todo, sus sueños, sus pasiones y hasta su familia, con la cual no hablaba hace tiempo.
Observó la hora, estaba llegando tarde a la empresa, tenía una reunión muy importante esa mañana, el futuro de la empresa estaba en sus manos. El tráfico lo estaba retrasando demasiado, así que decidió tomar otro camino. Se fue metiendo por calles por las cuales nunca había transitado; la otra cara de la moneda, barrios pobres, niños descalzos dando vuelta, corriendo por las calles de tierra. Sonó el celular, su jefe lo llamaba; dos segundos que se distrajo por responderle que estaba llegando a la empresa, que no pudo frenar y chocó a un niño.
No lo podía creer, su retraso sería mayor. Sólo pensaba en el tiempo y no en el niño que había atropellado. Estaba muerto, tirado, tieso. El auto fue rodeado por la gente del barrio, los familiares del niño, todo era gritos y llanto. Daniel estaba muy nervioso, le sudaban las manos, el rostro, estaba empapado en sudor. Llegó la ambulancia al lugar, pero ya era demasiado tarde. Mientras estaba hablando con los padres del niño, una anciana se le acercó, le dio un papel en la mano y se alejó. Lo guardó en el bolsillo sin mirarlo y una vez resuelto el problema, se dirigió al trabajo nuevamente. Daniel le entregó una suma importante de dinero a los padres del niño, colocó el cheque en sus manos y ellos sin saber que hacer, medio perdidos, sin reacción ante lo que había ocurrido, lo tomaron. Mientras él se alejaba en su auto, el padre del niño hizo un bollo al cheque arrojándolo al suelo. Su expresión mostraba dolor pero ante todo tristeza, pues aquél hombre bien creído no se había disculpado, ni siquiera un gesto de arrepentimiento.
Daniel finalmente llegó a su trabajo, la presentación había sido un desastre y lo único que le dijo su jefe fue: “¡Estás despedido!” cerrando la puerta fuertemente. Regresó a su casa, se recostó sobre el sofá; estaba en aprietos, como iba a sostener todos sus lujosos gastos. Se durmió profundamente. El teléfono sonó, era su hermano al contestador, pues dejó que sonara y no se molestó en atender. El recado decía: “Si puedes llámame, te quiero”...
Mas tarde abrió una botella de licor de la cosecha de 1989, más de veinte años guardada, para ocasiones especiales. Estando completamente alcoholizado, empezó a llorar, las lágrimas caían empapando la impecable camisa de 2.000 dólares; volcó licor sobre su cuerpo ensuciando también el tapete del sofá, el maldito sofá traído de Europa. Entonces recordó el papel que le había dado la anciana, vino a su mente como por arte de magia. Lo abrió, la nota decía:

“Perderás tu trabajo- abrirás botella año 1989- en 3 días tu novia te dejará por otro hombre- y morirás a mano de pistola en dos semanas, tu enemigo asecha...” Firmaba Misty.

Se quedó mirando el papel detenidamente, soltó la botella de licor, haciéndose trizas contra el piso.
Despertó cuando un rayo de luz entró a través de la ventana del living. Miró a su alrededor, estaba completamente perdido. Pasaron dos días más, en lo cuales ahogó años de penas en cuestión de horas. Al tercer día como predijo aquella anciana, su novia lo llamó por teléfono y lo mando a plantar tomates, se iba de viaje a Las Vegas con su “amigo” Carlos, “¡Qué gran amigo Carlos!”, pensó Daniel. De todos modos nunca la había amado, siempre había sido un juguetito para él.
Los días fueron pasando y se fue volcando en su locura. Comenzaron a llegar cuentas a pagar, el corte de sus tarjetas y tenía muy poco efectivo para lo que acostumbraba tener. Había sembrado muchos enemigos pero ningún amigo, no tenía novia y con su familia no se hablaba hace años, su orgullo lo podía. Nunca había tenido hijos, aunque todavía era joven, 40 años.
A los ocho días del suceso del accidente salió nuevamente a la calle, fue a ver a la anciana, pues estaba al borde del colapso y los días seguían pasando. Preguntó por todo el barrio pero nadie conocía a la tal Misty, había desaparecido como un fantasma.
Daniel veía sombras, se sentía vigilado, al asecho, salía muy poco de su casa, prácticamente no durmió durante los trece días siguientes al accidente.
“Día 14, dos semanas después del accidente...”
            Eran las 2:45 de la madrugada, había pensado en llamar a la policía pero lo creerían loco y además estaba sin teléfono, se lo habían cortado por no pagar la factura. Daniel se rascaba la espesa barba mientras contaba los segundos del reloj que estaba sobre la cómoda, se encontraba tirado en el piso mirando hacia el techo... Uno, dos, tres...
            Tras el episodio con el gato, Daniel entró en un colapso nervioso, estaba algo drogado y alcoholizado. Abrió el cajón de la cómoda y tomó el arma que guardaba dentro, escondida entre la ropa. La miró con ansias, con amor por un momento y pensó: “¡Qué hermoso sería terminar con este sufrimiento!”. Puso el arma en su boca y apretó el gatillo, sin siquiera pensarlo.
            Oscuridad, todo oscuro y silencioso... Daniel despertó en un hospital o al menos eso parecía. Junto a él estaba su hermano, dormido y sosteniéndole la mano, y también sus padres dormidos en un sillón.  No entendía que había pasado, si se había matado, “¿Cómo podía suceder esto? ¿Estaba en un más allá?”. Su hermano se incorporó, lo abrazó fuertemente y le explicó lo sucedido: la misma tarde del accidente, en la cual perdió su trabajo, se había emborrachado demasiado y lo había mezclado con fármacos; podría llamarse suicidio quizás. Ya habían pasado tres días, había estado inconsciente y muy débil. Su novia lo había llamado para terminar con él, quería verlo esa misma noche en su casa. Como no respondió a la llamada fue directo a la casa y lo encontró tirado en el piso del living.
“¿Entonces todo había sido un sueño, una pesadilla?”, pensó Daniel. Todo menos que había perdido su trabajo y a su novia. Pero estaba vivo y había iniciado un comienzo con su familia, en los siguientes días fue a quedarse con ellos, por indicación del médico. Cuando estuviese mejor había decidido comprarse un perro, pues los adoraba; quería mudarse a un lugar más tranquilo; quería hacer tantas cosas. Comenzó a escribir todo lo que le había pasado, cómo se sentía, pues si había algo que le apasionaba era escribir y nunca lo hacía. Cuando era un adolescente había abandonado todas sus aspiraciones por un pedazo de papel carente de sentido- el dinero.
En esas dos primeras semanas regresó a buscar un par de cosas a su casa. Entre el silencio y la inmensidad de aquel desastre encontró sobre la mesa un papel que decía: 

“Perderás tu trabajo- abrirás botella año 1989- en 3 días tu novia te dejará por otro hombre- y morirás a mano de pistola en dos semanas, tu enemigo asecha... (busca debajo del tapete de tu puerta)”. Misty.

Daniel no entendía nada pero se dirigió hacia la puerta y recogió el papel que había debajo del tapete. Decía:

“Perderás tu vicio- estallará el dolor- se abrirán 3 nuevas puertas- renacerás en dos semanas, pues tu enemigo morirá y empezarás a vivir nuevamente...” Misty.

Daniel perdió su vicio por el dinero; recordó y abrió las puertas cerradas de su corazón para estallar en llanto; se abrieron 3 nuevas puertas en su vida: se reconcilió con la familia dejando atrás el orgullo, abrió las puertas al amor dejando atrás una relación falsa, abrió la puerta hacia el verdadero yo, dejando atrás al suicida con la pistola. Hacía dos semanas de aquel suceso y sentía realmente que su enemigo (o sea, él mismo) había muerto y en su lugar resurgió aquel al cual había abandonado en el olvido, pues renació entre los muertos su verdadero yo, Daniel.
Días más tarde, fue a disculparse y a dar las condolencias a los padres y familiares del niño; era lo único que realmente necesitaba esa gente, un cálido abrazo para aplacar aquel espantoso dolor. Era gente muy humilde pero de gran corazón.
Mientras se alejaba de la casa, luego de brindar esa nueva experiencia en su vida (amor), una niña se acercó a Daniel y le entregó un pedazo de papel y salió corriendo desapareciendo en la esquina. Se detuvo a leerlo, pues nadie lo corría esta vez.

“Hace un tiempo vi un espíritu viejo, codicioso, envuelto por su propia amargura y con dinero en vez de sangre en las venas. Hoy te he visto erguido, joven, sonriente, y lo que corre en tus venas es la sangre de un nacido, pues te mandé a la muerte para que te mates y te traje de la muerte para que hoy vivas realmente y no seas un muerto en vida...” Misty.

Miró hacia todos lados buscando encontrar un rostro familiar, pero al darse cuenta el papel había desaparecido, aunque en realidad había sido parte de su imaginación, recordó que cuando era niño le solían decir: Misty.

Mary... 2/12/2010

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