Este jueves relato : "Alguna vez alguien me contó..."
Para más relatos pasar por el blog de Moni: https://neogeminis.blogspot.com
Esta vez la consiga es bien sencilla y creo que dará pie a muy distintas interpretaciones: Alguna vez alguien me contó...
Sin que obligatorio iniciar el relato textualmente con esa frase, se deberá considerar que la narrativa responderá a la premisa de recordar alguna historia que nos fue contada en alguna oportunidad. Ya sea algo real o ficticio, con la forma y estilo que más les guste, intentando no superar las 350 palabras cada participante deberá dar rienda suelta a su creatividad con la emotividad que la evocación provoca...
“ Murmullos peligrosos ”
Alguna vez alguien me contó, así comienza esta historia, con alguien que me dijo un chisme y valla alboroto que se armó, pues tal teléfono descompuesto el cotilleo terminó llegando tergiversado y tal fue el enredo que se armó en el pueblo que hasta en los diarios de la capital llegó la noticia...
Antes de comenzar con la historia, vamos a situarnos en el pueblo Tordillo, provincia de Buenos Aires; era una noche de verano, hacia mucho calor y en el lugar se festejaba el aniversario 150.
Mujer de unos sesenta años, viuda, sin hijos, mis pasatiempos favoritos eran jugar a las cartas, salir a caminar al atardecer y el cotilleo fresco de todos los días para arrancar la mañana. Trabajando en un bar por las mañanas me quedaban siempre las tardes libres para poder hacer lo que me plazca, vivía mi vida como quería, sin tener que darle explicaciones a nadie.
Esa noche entre música, bailes y bebidas, en un momento de la noche se me acerca a charlar Don Aurelio, algo alcoholizado como era de costumbre por las fiestas. Siempre fingía interés en sus charlas para sacar algún rumor fresco, que él siempre los tenía guardaditos, pero esta vez la noticia me dejó los pelos de punta, puesto que involucraba a Lucrecia la señora del carnicero y a Don Pancho el dueño del mercado, al parecer tenían un amorío secreto. Ambos amantes, puesto que Don Pancho también era casado, ambas familias con hijos. No podía creer lo que me contaba esta vez don Aurelio.
-¿Pero estás seguro? (le pregunté)
-Si si, lo vi entrar a Don Pancho en la casa de Lucrecia, cuando solamente estaba ella en la vivienda, tardó como una hora en salir y finalmente se fue de allí con el cinto desprendido, muy desarreglado.
Esa noche me quedé pensando con la almohada lo que había llegado a mis oídos y sentí que tenía que averiguar más sobre el asunto, pero no podía ir a preguntar directamente, me lo iban a negar rotundamente. Así que no se me ocurrió mejor idea que comentarle el suceso a Don Braulio, el peluquero del pueblo y de rebote también escuchó Robertita, que era la ayudante de Braulio en la peluquería; pero ella en vez de escuchar bien los relatos oyó que el amorío era entre Marta la señora del verdulero y Don Juan que trabajaba en el campo entre caballos, gallinas y vacas, venía todas las semanas al pueblo en su chata vieja vendiendo sus productos a los distintos comercios del lugar. Robertita era medio sorda de un oído y esta vez el chisme se desvirtuó completamente por escuchar tras las puertas a escondidas.
Así fue como empezó este teléfono descompuesto, que se amplió en distintas formas y personas conocidas del pueblo. Las murmuraciones llegaron a oídos de todos los involucrados, que pasada una semana de que lo había comentado con Braulio, la historia ya involucraba a varias parejas distintas. Fue entonces que empezaron los infortunios que llevarían al pueblo a los periódicos de la capital.
Lucrecia terminó intoxicada por envenenamiento, dicen que confundió las latas cuando preparaba un té de hierbas. Don Pancho molido a golpes por el marido de Lucrecia, Pepe, el cual estuvo preso por varias semanas. Marta se separó de su marido Eugenio y Don Juan se cayó misteriosamente de un barranco. Entre peleas, muertes y separaciones, finalmente la escena culminó con la explosión de la peluquería de Don Braulio, nunca se supo como se produjo el incendio que terminó por reventar el lugar y a Don Braulio junto a Robertita.
Lo peor fue que Don Aurelio que había comenzado con la habladuría, no sabía que ese día Don Pancho había ido a la casa de Lucrecia a llevarle un pedido especial de mercadería para un festejo sorpresa y justo cuando estaba en la casa de ella le agarró una descompostura terrible que lo tuvo como una hora demorado allí y por eso cuando se fue del lugar tenía el cinto sin prender, salió apurado porque aún no se sentía bien.
En el diario de la capital nuestro pueblo se hizo famoso por los altercados que habían acontecido en menos de un mes, los casos la mayoría sin resolver. Se recordaría por un buen tiempo a Tordillo, como suelen decir, pueblo chico infierno grande.
Desde entonces cuando alguien viene y me dice “tengo algo para contarte…” (chismorreo).
-Nooooooo, mejor ni me lo cuentes...
29/07/2024
Mariana Pussó