Mi calle, mi vereda, mi espacio, mi lugar…
Encontré un recuerdo especial guardado en las memorias de mi vida, que quiero compartir en este jueves de calles perdidas.
En aquel entonces, por el año 2.001, me tocó vivir una etapa que fue difícil dejar atrás, no fue un buen año el que me toco atravesar. Pero no voy a entrar en detalles.
Siempre había deseado tener un perrito pero la respuesta de mi padre siempre era “no”. Al parecer en casa me notaban un poco triste, más callada que de costumbre, diferente, ya no jugaba con tanto entusiasmo como antes. Decidieron regalarme algo que anhelaba desde hace años.
Esa tarde nunca se borrará de mis recuerdos. Tocaron el timbre, pregunté quien era, nadie respondía. Miré a través del agujero de la puerta, nada. Pensé: “niños haciendo ring-raje”. Abrí la puerta, observé por un momento. Entonces oí un chillido que provenía desde abajo, desde el suelo. Era un pequeño y muy tierno perrito, lanudito con rizos, blanco con manchas negras por diversas partes de su cuerpo.
“¡Ma! Dejaron un perrito” (grite).
Lo cargué en mis brazos, era tan pequeño y frágil, me enamoré en cuanto lo vi. Estaba algo asustado, así que lo abrigué con mi amor.
Aparecieron detrás de la puerta mi papá, mi hermano y un amigo, se reían. Ellos lo habían traído, al que hoy en día conocemos como Pusky. Un 25 de Junio apareció en mi vida, allí lo vi por primera vez en mi calle. Me hizo la persona más feliz aquel día, y sigue haciéndome muy feliz con su cariño, con cada momento que comparto junto a él. Es como mi hermanito menor, desde un simple juego, un paseo, una mirada de complicidad, un amigo que te abraza y te cuida de tus miedos, Pusky siempre está a mi lado…
Quise compartir este encuentro de dos almas, que se unieron en la vereda de mi calle, aquella calle que guarda miles de recuerdos en un solo lugar. Una simple calle para algunos, un lugar mágico lleno de recuerdos para mi…
Mariana Pussó - 22/09/2011
Pusky (25/06/2001)




















