Mientras observaba aquella niña, mi mente volaba…
Nunca había visto a una persona con parálisis cerebral. No podía moverse por sí misma, al igual que su hermana, ambas con el mismo problema de nacimiento. Difícil afrontar esa situación en la vida, depender del otro para todo, no poder moverse con libertad; no poder expresarse con palabras, solo con unos pocos gestos a través del rostro; no poder aprender como cualquier persona, sentirse limitado, y poder sonreír con todas las fuerzas aún a pesar de todo. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿Qué sentirán?
Montando con ayuda a caballo, podía ver sus rostros felices de alegría; un tiempo dedicado con pasión y dedicación a personas que pasarían al olvido sino fuera por ellos. Acompañar en el silencio de las palabras a un ser que merece un simple paseo como cualquier otro, que merece poder acariciar un caballo, que merece poder sonreír.
Me quedé pensando por la noche en aquella experiencia nueva y maravillosa, con ansias de volver a repetirla; “como se puede brindar tanto con tan poco”, te come la cabeza de solo pensarlo. Un simple momento de mi tiempo, una gratitud enorme para toda la vida, te sentís un superhéroe sin ser nada pero dando todo para alguien que merece más. La voluntad hace que unas horas a la semana, un día a la semana, por un momento me ayuden a sentir una paz interior; sentí que el tiempo era eterno y majestuoso, me sentí grande y audaz, me llené de felicidad.
Caminé a su lado, solo las acompañé en un paseo terapéutico, que no solo las ayudaba a mejorar a ellas sino a mi espíritu, que sentía que crecía con cada paso, que sentía que volaba con cada sonrisa; entonces comprendí que la terapia era para mi…

2 comentarios:
Dicen que es tan efectivo como maravilloso de ver.
Una terapia que les brinda la posibilidad de relacionarse y abrir los canales expresivos.
Impresionante!
Un abrazo
muy linda experiencia mary. nuestro corazón se regocija, sin dudas, pero por eso es importante que también sea humilde. besos!
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