Este jueves relato: "El hada de Argerich"-2x1: "Ellas" y "En sus ojos"
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Hace varios días que Buenos Aires está húmedo y gris, frío y nuboso y habitado por seres extraños como la de la foto que parece haber sido: abandonada, arrojada, despojada, soltada, dejada o se encuentra descansada en medio de la acera frente al hospital Argerich. Deberá ser la protagonista de nuestro relato, que tratará de tener una extensión no mayor a las 350 palabras y que deberán escribir con el propósito de poder ser narrado a las criaturas de hasta 12 añitos. Ojo, no porque puedan escucharlo los niños, debe de ser para niños. La fulana en cuestión:
De pequeña nunca fui muy amante de las muñecas y aunque las tuve sin duda, prefería salir a jugar por el barrio con amigos, andar en bici, jugar a la escondida, la mancha, ladrón-policía, armar chozas de indio... Teniendo un hermano mayor varón más grande desarrollé el afán por personajes como Spiderman, Dragon Ball, los X-Men y los juegos que inventábamos apuntaban para ese rumbo; no solía tomar el té con las muñecas muy seguido. Las historias eran de mafias, policiales, vaqueros, indios, hasta astronautas...Amaba los dinosaurios y todo lo vinculado a ellos; me gustaban los cuentos y hasta armábamos obras de teatro caseras, éramos arqueólogos y dueños de museos...
Me puse a meditar porque al pensar en muñecas como la de la imagen se me vienen historias de terror a la mente y no la hora del té y entonces recordé...
Siempre en los veranos viajábamos a Las Flores a visitar a mi abuela, tíos, primos. Al pasar todo el verano de vacaciones en la ciudad, visitábamos poco a poco a todos los parientes, como olvidar a las tías Teresa, Yolanda y Nilda, que vivían frente a la pista de patinaje, donde además había juegos de plaza. Siempre nos recibían con galletitas ricas, regalos y además pasábamos un rato por la plaza si el día acompañaba.
Fue en esa casa que comenzó mi miedo por las muñecas, de esas grandes, viejas y que te miraban de reojo si te distraías o eso pensaba cada vez que entraba en esa casa y ellas estaban sentadas en los sillones del living para recibirte. No me gustaba quedarme a solas con ellas, si pasaba para el baño lo hacía rápido para no cruzarlas demasiado. En mi imaginación las muñecas se movían, me guiñaban el ojo y de pronto no estaban en el mismo lugar que antes. Poderosa la imaginación de un niño, pues nada de eso pasaba por suerte, sino habría salido espantada de allí. La sensación extraña que me producía estar a solas con esas muñecas nunca lo pude olvidar hasta el día de hoy...Por las dudas mejor tener un poco lejos esas caritas siniestras mirándote...
Como no pude quedarme sólo con el relato de la consigna, hice un 2x1 y escribí el relato que vino a mi mente cuando vi la foto de la muñeca en cuestión...Este relato(aclaro)no se ajusta a la consiga de menores de 12 años jajaja
“En sus ojos”
Lisa vivía con su hija Margarita, una bella niña de cinco años, de pelo color café y ojos grises, de carácter dulce y algo tímida. El padre de la niña había fallecido en un accidente automovilístico ya hacia cuatro años, así que Lisa había luchado sola por sacar adelante a su pequeña familia. Ella trabajaba como maestra durante el horario que su hija estaba en el jardín, disfrutaba de hacer manualidades y siempre que podía arreglaba objetos, juguetes, muebles, le gustaba reciclar y restaurar.
Un día camino a su trabajo, enfrente al hospital Argerich, cerca de un basural, se encuentra una muñeca tirada. Le faltaba una pierna y estaba algo despeinada, pero se veía en buenas condiciones, así que la tomó para acondicionarla y regalársela a su pequeña. Una vez reparada, limpiada, peinada y vestida, Lisa hizo entrega de la sorpresa a Margarita, la cual recibió el obsequio con mucha alegría. La niña acogió a la muñeca como su nueva amiga y poco a poco se hicieron inseparables, la llevaba a todos lados, hacia todas las actividades y tareas junto a “Elizabeth”, así la llamaba ella. Fue entonces que las cosas empezaron a tornarse algo raras en la vida de Lisa y su hija.
-¿Por qué quieres que haga eso? Mamá podría enojarse...
-No me digas eso, eres mi mejor amiga y te quiero.
Lisa escuchaba a lo lejos que la niña conversaba, pero no podía escuchar claramente las palabras exactas. Al cabo de un momento, Margarita aparece en la cocina con lágrimas en sus ojos.
-Lo siento mami, yo no quería hacerlo.
-¿Qué pasó hija?
La niña tomó su mano y la lleva hasta el cuarto, allí estaban sus otras muñecas y osos, todos sin cabeza, menos Elizabeth que estaba sentada sobre la cama. Horrorizada contuvo a su hija y trató de que le explicara porque lo había hecho, pero Margarita no le quiso decir palabra.
En otra ocasión Lisa dormía profundamente cuando de pronto la despierta un ruido, provenía de la cocina, se levanta tan rápido como puede asustada y preocupada por su pequeña. Allí estaba Margarita desgarrando una chuleta de carne con un tenedor, sus ojos miraban bizcos hacia el vacío, había sangre por todos lados proveniente de la carne cruda. La niña otra vez no pudo explicarle a su madre porque lo había hecho, hasta parecía no recordarlo.
Lisa decidió consultar con un psicólogo lo que le estaba pasando a su hija, la llevó a varias consultas, pero sin respuesta aparente. Consultó con médicos y psiquiatras y los enigmas continuaban.
La niña comenzó a dibujar extrañas figuras, destructivas, sangrientas, su conducta también se veía alterada, por momentos resultaba agresiva y desafiante. Ante la desesperación Lisa decidió consultar con un vidente, el cual le pidió que le llevara la muñeca, pues todo marchaba raro desde la llegada de Elizabeth a sus vidas.
Esa mañana al despertar después de una noche en desvelo, se dirigió a la pieza de su hija y todo se tornó más extraño...Margarita estaba sentada junto a la ventana inmóvil. Al preguntarle por Elizabeth, la niña le dijo que ya no quería esa muñeca fea, que la había tirado por ahí. No pudo sacarle más información sobre lo sucedido con su intrigante amiga descartada a la basura.
Esa mañana de otoño una niña miraba por la ventana de su habitación, tenía una sonrisa macabra en su rostro, de satisfacción. Su mirada era pura, pero en el reflejo del vidrio se podía vislumbrar la verdad de sus perturbadores ojos ocultos, su imagen era siniestra, Elizabeth tenía el secreto, estaba dentro de ella, mientras una muñeca no muy lejos de allí escondía otro enigma. Margarita gritaba con todas sus fuerzas, lloraba, nadie la escuchaba...Atrapada dentro de aquel cuerpo inerte, sólo se podían ver sus bellos ojos grises reflejados en el rostro de esa vieja muñeca...
27/08/2024 Mariana Pussó

