martes, 20 de agosto de 2024

Este jueves relato: “La tórtola y las lentejas”-"En tu reflejo"

Este jueves relato: “La tórtola y las lentejas”  

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Premisas para el relato:  

Lugar: en la terraza de un ático  

Personajes principales: una persona de carácter serio y circunspecto. Una tórtola de género y carácter a elegir.  

Inicio: la persona está mirando el paisaje apoyada en la baranda, cuando por ella se acerca caminando la tórtola y por primera vez se dirige a la persona y le pregunta: ¿Hoy hay lentejas para cenar?


"En tu reflejo"

Los domingos al mediodía le gustaba levantarse tarde, se despertaba cerca de las doce, se quedaba en pijama, mientras se tomaba unos mates encendía la radio y finalmente empezaba a cocinar. Ese día preparaba un rico guiso de lentejas, había tocado una tarde bastante fría pero con un bello sol que calentaba la piel. Cuando estuvo la preparación lista apagó la hornalla y se dispuso a fumar un cigarrillo antes de comer, así que subió a la terraza del ático.  

Elena era una persona con cara de pocos amigos, discreta en su intimidad, nunca hablaba demasiado con sus compañeros de trabajo, era divorciada, sus hijos ya eran mayores, los solía ver en cumpleaños, fiestas y en alguna que otra ocasión. Con sus 62 años, llevaba una vida tranquila, algo vacía por momentos pero a ella le gustaba así; su carácter serio y crítico de la vida no le permitía hacer muchos amigos.  

Fumaba su cigarrillo mientras observaba el paisaje apoyada en la baranda de la terraza, fue entonces que se le acerca poco a poco por la barandilla una tórtola de plumaje blanco, la miraba fijamente y de pronto le pregunta:  

-¿Hoy hay lentejas para cenar?-Pregunta el ave.  

Elena en su asombro se ahoga con el humo del pucho y comienza a toser sin parar, mientras mueve su cuerpo y manos para alejar a la tórtola. El ave vuela lejos, mientras ella entra a su hogar pensando en su interior si la soledad ya le estaba atrofiando las neuronas o estaba algo psicótica y creía que las aves ahora le hablaban. Apenas pudo tocar el guiso de lentejas ese día, algo paranoica se dispuso a dormir temprano esa noche para tratar de olvidar aquel episodio.  

Un rayo de luz despertó a Elena, cuando intenta abrir sus ojos, de pronto se da cuenta que se encuentra arriba de un árbol, puede vislumbrar ramas, hojas, edificios, escucha ruidos de autos y se da cuenta que está adentro de un nido. En la desesperación intenta pedir ayuda para bajar del árbol pero en vez de palabras salían sonidos extraños que la desconcertaron. Por la torpeza y el miedo que se había apoderado de ella, Elena tropieza y cae del nido. Cuando estaba por estamparse en el suelo de pronto se da cuenta de que puede y claramente está volando. Debo estar soñando” piensa mientras se eleva cada vez más alto en el cielo donde los edificios se mezclan con las nubes y el viento sopla acariciando sus plumas que podía ver mientras agitaba sus alas.  

Soy un pájaro! Se dice ella misma.  

Elena estaba segura que estaba en un sueño sin dudas. Comenzó a cansarse en su aleteo así que aterriza como puede en el tejado de una casa, había pocas viviendas bajas en esa parte de la ciudad. Tenía muchísima hambre, no recordaba haber sentido la sensación de apetito en sus otros sueños pero se dejó llevar por su impulso interno y se dispuso a buscar comida. No tenía idea qué comían las aves, tampoco sabía qué ave era. 

-“Ni loca como insectos” pensaba Elena.  

Se dispuso a buscar semillas, frutos, restos de comida, pero en la gran ciudad eran escasos los alimentos apetitosos que se podían encontrar y la competencia con otras aves y animales era ardua. Ese día fue presa del susto, espantada por dos perros cajelleros, un gato le clavó sus garras lastimándole una de sus alas y fue ahuyentada por tanta gente que ya no podía recordar cuantos habían sido. Angustiada, triste y hambrienta Elena se acercó a un charco de agua para beber un poco, estaba agotada y le dolía todo el cuerpo. En el reflejo pudo distinguir el ave que era, era una tórtola blanca, miró con sus pequeños ojos asombrada. Mientras su imagen se movía en el espejo de agua encharcada, Elena se despierta agitada, toda traspirada, se da cuenta que se encuentra en su cama.  

Que sueño más extraño!¡Parecía tan real!  

Eran pasadas las doce de la noche, estaba con mucha hambre, ese día apenas había probado bocado. Se dispuso a calentar el guiso pero primero se abrigó y salió a la terraza a fumarse un pucho. Mientras fumaba su cigarrillo aparece nuevamente aquella ave, mirándola fijamente a los ojos. Elena se quedó un instante esperando que la tórtola blanca le hablara pero esta vez sólo arrullo.  

Elena suspiró aliviada, bajó hasta la cocina, agarró dos porciones de lentejas y subió al altillo nuevamente. Ahí parada seguía el ave, le acercó uno de los cuencos que traía y se alejó despacio. Eran las doce y media de la madrugada, Elena y la tórtola degustaban de un exquisito platillo de lentejas, hacia frio, en el cielo apenas se descubrían algunas estrellas.  Ambas hicieron una pausa, se miraron, parecía que sonreían, luego continuaron disfrutando de aquel momento donde las palabras sobraban y el silencio se hizo complicidad...  

20/08/2024 Mariana Pussó. 

martes, 13 de agosto de 2024

Este jueves relato: "Lo que surja"-"La primera chispa"

Este jueves relato: "Lo que surja"

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La primera chispa

Ana se encontraba sentada en la mesa de un bar, tomando una cerveza roja, movía sus manos pensativa, una mezcla de tristeza y rabia emanaba de su ser. Había arriesgado su trabajo, su carrera de espionaje, su reputación en la fuerza y ​​​​entregado su amor, por alguien que decidió dejarla tirada con una bala en el pecho desangrándose. Su conciencia estaba en paz por haber recibido la bala que iba directo a la cabeza de él, pero su alma rota. Ella sabía cómo era Francisco cuando lo conoció, serio, entregado por completo a su trabajo, nada se interponía entre él y la misión a llevar a cabo. Ana en cambio era una persona más arrebatada, le costaba seguir las reglas cuando la corrupción se inmiscuía en su camino.

Aquella tarde antes del incidente se había enterado que había un infiltrado en el equipo y que la vida de Francisco estaba en peligro como consecuencia. Además de ser compañeros llevaban saliendo un tiempo y aunque ya no compartían funciones juntos por su situación sentimental, ella no dudo en ir a ayudar, contradiciendo a las autoridades. Aceptaba y respetaba la decisión que había tomado Francisco, seguir enfocado en su tarea pero ya no podía admitirlo en su corazón. 

Mientras tomaba un sorbo de su bebida bien fresca, se dio cuenta de que la observaban, gajes del oficio se decía ella, percibiendo más allá que los demás. Era Alejandro, compañero de la fuerza también, amigo de Francisco y amigo de Ana también. Se habían conocido por casualidad en un paseo por el río Sena en París antes de que Ana saliera con Francisco. 

Sabía que Alejandro estaba allí porque Francisco lo había mandado, ella había dejado bien claro que no quería ver a nadie por el momento. La habían suspendido por tiempo indeterminado, a espera de nuevas órdenes.

Ana sintió tanto furor, que en motivo de provocación abrió sus piernas, llevaba un vestido azul, lucía radiante y ardiente. Comenzó entonces a tocarse por debajo de sus bragas, simulando goce, desafiando los ojos que la observaban desde lejos. Alejandro al observar la reacción de ella no pudo evitar acalorarse y girar la mirada hacia otro lugar. Mientras se abstraía en sus pensamientos una mano le roza la nariz, pudo oler aquel aroma provocador que sin duda lo llevo a fantasear en un segundo por los mares de aquella dulce y bella piel que la cubría, se sintió hechizado por su perfume y con un salto de impotencia se dio vuelta puteando a Ana sin decoro. Ella reía a carcajadas.

Sin decirle palabras Alejandro se marchó del bar. Ana después de meditarlo un poco se sintió mal por su actitud, la bronca no era hacia él. Antes de dormirse bajo el frío de la noche helada que la envolvía, le envió un mensaje para que se vieran al otro día antes de su partida. Alejandro siempre le había parecido un hombre muy guapo cuando se conocieron aquella tarde de verano a orillas del río, pero Ana en ese momento tenía los ojos puestos en Francisco, por eso entre ellos sólo se había forjado una bonita amistad.

Alejandro no se presentó al encuentro al día siguiente, pero le dejo en el recibidor del hotel una carta antes de partir... 

“Querida y bella Ana, no tienes que disculparte por lo de anoche, no estoy enojado por eso. Se que estas dolida y con mucha furia en tu interior y más aún porque sabes que me envió él, ya sabemos cómo es Francisco pero aún así los quiero a ambos. El problema es que me es muy difícil tenerte cerca y disimular lo que siento por tí, no quiero, no puedo mentirme más. Por eso me alejo por ahora, necesito tiempo y tú también lo necesitas para procesar todo lo que paso en este lapso que nos arrasó. Deseo con el alma que encuentres lo que buscas, que puedas tener la tranquilidad y libertad que necesitas y quien sabe nos reencontremos en algún momento para tomar unos tragos y festejar la vida, que por poco casi te la arrebatan de un suspiro.

No pido que me ames, no pido una respuesta...No era mi momento, es el tuyo ahora, de sanar primero...

Te ama incondicionalmente, Alejandro.”

Ana siempre había tenido sus sospechas pero ahora tenía la confirmación sin dudas. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sintió una mezcla de sensaciones y emociones que le recorrieron todo el cuerpo. Su corazón empezó a latir más fuerte, podía escuchar el tambor resonando en su interior. Comprendió que la declaración no le era indiferente, tenían muchos recuerdos juntos y una hermosa amistad que los unía. Ana miró al vacío y supo que algo había cambiado en su interior, toda la ira que sentía de pronto se hizo ilusión, el anhelo de volver a ver aquel rostro que la había hecho sonreír aún en la oscuridad...

Esta historia continuará...

13/08/2024 Mariana Pussó


martes, 6 de agosto de 2024

Este jueves relato: "El arte de no hacer nada"...

Este jueves relato : El arte de no hacer nada...  

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Las imágenes que acompañan el relato son de mi autoría de los paseos en bicicleta por la costa y el mate de cerámica de amoniteceramicadelmar-instragram-.

         

Miré el reloj y me dirigí a la cocina a preparar unos mates. Prendí el fuego de la hornalla, cargué la pava con agua del grifo y la apoyé suavemente sobre la llama. Mientras esperaba que el agua estuviera en su punto justo le eché yerba al mate, mi preferido, hecho de cerámica, con olas dibujadas sobre su textura, que daban la sensación de estar cerca del océano...   

Desde pequeña sentía cierta atracción por el mar pero siendo más adolescente había emprendido este viaje de ida, el cual ya no tuvo retorno. Me había enamorado del bello manto que cubre sus olas, como oasis en el desierto necesitaba ver en el dulce firmamento el azul apacible que lo cubre, a veces se desprendía un exquisito verde agua, en otras ocasiones un gris tristeza, en la paleta de colores que cambian como las estaciones del año, como las emociones que encierran a cada ser.   

Por momentos me rodeaba un brusco estruendo al golpear fuertemente sobre las piedras, para después deslizarse acariciando la áspera corteza llena de marcas que deja el correr del tiempo. A veces calmo y dócil, reposa sus aguas sobre el brillo de la luz que lo contempla, mis ojos se reflejan en él, es imposible dejar de mirarlo, te hechiza con su encanto, te deslumbra y te arrastra a lo más profundo de su rebozo. Cuando se enfurece, te rasga la piel desangrando las llagas, así se siente, un tornado de emociones que bailan al compás de la danza de aguas que se hacen fuego y cenizas.  

Imagino y te pienso, suenas en cada latir, retumba en eco y descubro que cada vez que te alejas apareces cuando estoy a punto de olvidarte, me salpicas y me invade nuevamente esa adicción que recorre cada hilo que me cubre el cuerpo y me retuerce el alma. Curioso el destino se burla de , me estremezco de sólo sentir tu presencia cerca, como la espuma que llevan tus manos, me agita y tiemblo al rozar tus dedos junto a los míos.  

Sigo pedaleando junto a él, cada día y a cada hora te contemplo de mil maneras distintas, así como mi espíritu libre me dejo llevar por el fluir de la acción, me dejo sacudir por tu seducción, observo los bellos paisajes que acompañan tu delicada envoltura; desde radiantes atardeceres hasta el ver salir sobre tu cobijo la gigantesca luna llena en su rubor anaranjado y vivaz.  

Salvaje, natural, imposible de describir en una palabra o en un sentimiento... fugaz, eterno, calma, tormento, alegría, tristeza, esperanza, desaliento, compañía, soledad y la lista continúa...  

Observo el calor de mi alma desnuda ante tanta presencia, comprendo que me une una conexión inexplicable, a veces pareciera que mi voz habla a través de tí, se expresa con cada movimiento que envuelven tus aguas y me hundo en la calma de tu reluciente esplendor, hasta perderme y desaparecer en las oscuras y penetrantes mareas.  

-¡Mari!¡Mari!  

Una voz dulce me llama, mi prima me saluda y me pregunta mientras se ceba un mate ella misma...  

-¿Qué has hecho por la tarde?  

-Nada...creo – Le respondo mientras sonrío y veo el manto de tus aguas reflejado en el iris de mis ojos... 

05/08/2024 Mariana Pussó

Este jueves relato: "Ensalada de pimientos"-"Piquillos del infierno"

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