Este jueves relato: “La tórtola y las lentejas”
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Premisas para el relato:
Lugar: en la terraza de un ático
Personajes principales: una persona de carácter serio y circunspecto. Una tórtola de género y carácter a elegir.
Inicio: la persona está mirando el paisaje apoyada en la baranda, cuando por ella se acerca caminando la tórtola y por primera vez se dirige a la persona y le pregunta: ¿Hoy hay lentejas para cenar?
Los domingos al mediodía le gustaba levantarse tarde, se despertaba cerca de las doce, se quedaba en pijama, mientras se tomaba unos mates encendía la radio y finalmente empezaba a cocinar. Ese día preparaba un rico guiso de lentejas, había tocado una tarde bastante fría pero con un bello sol que calentaba la piel. Cuando estuvo la preparación lista apagó la hornalla y se dispuso a fumar un cigarrillo antes de comer, así que subió a la terraza del ático.
Elena era una persona con cara de pocos amigos, discreta en su intimidad, nunca hablaba demasiado con sus compañeros de trabajo, era divorciada, sus hijos ya eran mayores, los solía ver en cumpleaños, fiestas y en alguna que otra ocasión. Con sus 62 años, llevaba una vida tranquila, algo vacía por momentos pero a ella le gustaba así; su carácter serio y crítico de la vida no le permitía hacer muchos amigos.
Fumaba su cigarrillo mientras observaba el paisaje apoyada en la baranda de la terraza, fue entonces que se le acerca poco a poco por la barandilla una tórtola de plumaje blanco, la miraba fijamente y de pronto le pregunta:
-¿Hoy hay lentejas para cenar?-Pregunta el ave.
Elena en su asombro se ahoga con el humo del pucho y comienza a toser sin parar, mientras mueve su cuerpo y manos para alejar a la tórtola. El ave vuela lejos, mientras ella entra a su hogar pensando en su interior si la soledad ya le estaba atrofiando las neuronas o estaba algo psicótica y creía que las aves ahora le hablaban. Apenas pudo tocar el guiso de lentejas ese día, algo paranoica se dispuso a dormir temprano esa noche para tratar de olvidar aquel episodio.
Un rayo de luz despertó a Elena, cuando intenta abrir sus ojos, de pronto se da cuenta que se encuentra arriba de un árbol, puede vislumbrar ramas, hojas, edificios, escucha ruidos de autos y se da cuenta que está adentro de un nido. En la desesperación intenta pedir ayuda para bajar del árbol pero en vez de palabras salían sonidos extraños que la desconcertaron. Por la torpeza y el miedo que se había apoderado de ella, Elena tropieza y cae del nido. Cuando estaba por estamparse en el suelo de pronto se da cuenta de que puede y claramente está volando. “Debo estar soñando” piensa mientras se eleva cada vez más alto en el cielo donde los edificios se mezclan con las nubes y el viento sopla acariciando sus plumas que podía ver mientras agitaba sus alas.
-¡Soy un pájaro! Se dice ella misma.
Elena estaba segura que estaba en un sueño sin dudas. Comenzó a cansarse en su aleteo así que aterriza como puede en el tejado de una casa, había pocas viviendas bajas en esa parte de la ciudad. Tenía muchísima hambre, no recordaba haber sentido la sensación de apetito en sus otros sueños pero se dejó llevar por su impulso interno y se dispuso a buscar comida. No tenía idea qué comían las aves, tampoco sabía qué ave era.
-“Ni loca como insectos” pensaba Elena.
Se dispuso a buscar semillas, frutos, restos de comida, pero en la gran ciudad eran escasos los alimentos apetitosos que se podían encontrar y la competencia con otras aves y animales era ardua. Ese día fue presa del susto, espantada por dos perros cajelleros, un gato le clavó sus garras lastimándole una de sus alas y fue ahuyentada por tanta gente que ya no podía recordar cuantos habían sido. Angustiada, triste y hambrienta Elena se acercó a un charco de agua para beber un poco, estaba agotada y le dolía todo el cuerpo. En el reflejo pudo distinguir el ave que era, era una tórtola blanca, miró con sus pequeños ojos asombrada. Mientras su imagen se movía en el espejo de agua encharcada, Elena se despierta agitada, toda traspirada, se da cuenta que se encuentra en su cama.
-¡Que sueño más extraño!¡Parecía tan real!
Eran pasadas las doce de la noche, estaba con mucha hambre, ese día apenas había probado bocado. Se dispuso a calentar el guiso pero primero se abrigó y salió a la terraza a fumarse un pucho. Mientras fumaba su cigarrillo aparece nuevamente aquella ave, mirándola fijamente a los ojos. Elena se quedó un instante esperando que la tórtola blanca le hablara pero esta vez sólo arrullo.
Elena suspiró aliviada, bajó hasta la cocina, agarró dos porciones de lentejas y subió al altillo nuevamente. Ahí parada seguía el ave, le acercó uno de los cuencos que traía y se alejó despacio. Eran las doce y media de la madrugada, Elena y la tórtola degustaban de un exquisito platillo de lentejas, hacia frio, en el cielo apenas se descubrían algunas estrellas. Ambas hicieron una pausa, se miraron, parecía que sonreían, luego continuaron disfrutando de aquel momento donde las palabras sobraban y el silencio se hizo complicidad...
20/08/2024 Mariana Pussó.

